Estaba yo en el despacho, cuando el Sr. Eyo me llamó y dijo:
- Quo, hay una entrevista de trabajo para trabajar en unos grandes almacenes en su planta de material de montaña. Como que yo soy friki y del gremio montañero, seguro que me cogen.
- ¿Estás seguro Sr. Eyo?
- Venga si Quo
—Acepto el reto— Con esas palabras el veterano Sr. Eyo había firmado su sentencia de vuelo y mi sentencia de vuelo.
HECHOS. La veteranía es un grado.
Era domingo muy de amanecer. Sonó el interfono de casa anunciándonos que Ferran ya estaba en la calle con la furgoneta en marcha.
Hace más de cuatro décadas corría un verano peligroso. Un día de sol sin igual, fue cuando el Sr. Eyo decidió nacer.
Justo doce días después de nacer, el 21 de julio y coincidiendo con el mismo día de su bautizo, tres hombres ascendían y ponían por primera vez los pies en
¿A quién se le ocurre preguntar cosas de escalada al Sr. Eyo?
Es sabido que nunca fue su materia favorita el adoctrinar. Pero aún hay ciertos personajes que equivocadamente acuden a él para estos temas. Aquí otra crónica de un diálogo de la vida real:
Joven: ¿Tu hacías grado d
El Sr. Eyo hace años abrió y equipó una vía. Una vía difícil. Con un paso verdaderamente potente.
El Sr. Eyo no podía con el paso crux de esa vía… El aleje que existía entre la quinta y la sexta chapa (o seguro) hacia siempre que el miedo le superara allí y nunca lograba superar ese pa
Tal que una calurosa mañana de junio vamos reuniéndonos Laia, Susi, Ferran, Xexu y Olau en uno de esos conocidos bares de Montserrat con la sana intención de llenarnos un poco la barriguita antes de empezar escalar.
Mientras que algunos de nosotros vamos sentándonos en la terraza del b
Feliz y puntual, pasó Ferran por casa a recogerme en su coche, acompañado ya del Sr. Eyo, y nos largábamos los tres hacia las Guilleries a escalar.
Al bajar del coche todo olía a primavera. Durante la inicial aproximación cruzamos un prado de hierba fresca… Pasamos entre los arbolitos aro
Hace ya unos días, divertidamente, Marieta nos contaba en su blog que parece ser que con afán de innovar, en algunas competiciones de escalada, últimamente se está llevando lo de dejar sonar una canción de música que cada competidor escoge o aporta mientras le toca el turno de escalar la via.
Lo recuerdo perfectamente: Es una noche dormida poco después del 25 de abril del 2003. Estoy soñando que soy minimalista e intelectual...llevo camiseta blanca y camisa hortera a cuadros, bufanda lisa gris, zapatillas converse, barba, pelo largo muy cuidado, bandolera y chapitas de todos los dib
El Sr. Eyo quería ser Roobin Hood. Rebelde y bueno!
Pero no lo es.
A lo mucho… come manzanas buenas y es Bufón de una Corte.
Pero claro, como todo bufón de esta corte, él también debe *pasar por el aro sucumbiendo ligado de un modo u otro, a ese omnipotente mundo regido por
mmmm… Estaba calentito en mi saco de dormir cuando algo me hizo abrir un ojo. Fue Toni el primero en sacar la cabeza fuera de la tienda iglú. Por el movimiento de su culo -única y desafortunada vista que se me permitía desde la estrechez y posición de mi saco- supe de inmediato que algo ex
El lunes, haciendo un boulder en nuestro Boulder de los boulders, viene el Sr. Eyo con cara de contento y me dice que ha escrito un cuento cortito de montaña para poder leer rapidito los lunes a su hijo antes de ir a dormir, cuando él, (que como yo, y medio mundo), lucha cada lunes contra
Me gusta la vida sencilla, natural, sin rebusques.
Hasta tal extremo que inclusive, cuando puedo dormir, lo disfruto con tanta ilusión que mi subconsciente busca crear sueños sofisticados, que si tengo frío me hace soñar qué traigo una sudadera puesta y unos calcetines bien esponjosos,
Hace dos meses me encontré para desayunar con mi amigo Eyo.
Eyo siempre toma decisiones radicales sobre su vida. Por ejemplo cuando le pregunté - Bueno, ¿y qué vamos a desayunar hoy?
Me dijo – Hoy día yo ya no desayuno Quo. He decidido que no puedo seguir gastando más minutos de mi v
Era sábado. El reloj-termómetro de la farmacia anunciaba que eran poquito menos de las ocho de la mañana y quizá, (por no decir seguro) marcaba un excesivo frío helado.
Haciendo caso a mi copiloto Susi circulé evitando las principales calles de la ciudad pues en el centro, esos días, se estab