jueves 14 de enero de 2010, 12:31:14
RELATO
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Era sábado. El reloj-termómetro de la farmacia anunciaba que eran poquito menos de las ocho de la mañana y quizá, (por no decir seguro) marcaba un excesivo frío helado.
Haciendo caso a mi copiloto Susi circulé evitando las principales calles de la ciudad pues en el centro, esos días, se estaba celebrando la Fira de Nadal y Mercado de Navidad.
HECHOS: El Sr. Eyo.: Soborno
Cuando por fin pude estacionar el coche, ya estaban allí esperando Laia, Met, Òscar, Leti, Aleix y Doménech.
Dos coches más arriba, Ferran iba lijando la escarcha de hielo incrustada durante esa noche en la luna de uno de los vehículos que debía llevarnos a todos juntos a la zona de escalada.
Finalmente, con cara de sueño, bien abrigado, y con una gotita de moco tambaleante en su roja nariz llegó también el Sr. Eyo.
Perfecto. A pesar de saber que ese día íbamos a estar muy por debajo de cero grados todo iba según lo previsto. Nada ni nadie iba a impedir el buen final a nuestro proyecto de escalada actual... Fuere como fuere, íbamos a invertir todo ese día en terminar de equipar esa vía de escalada en su cara norte.
Justo antes de salir, mientras concentrábamos el material de todos (en dos de los coches) y nos repartíamos los asientos, hicimos un rutinario inventario: Cuerdas, anclajes, clavos, taladro, petates, abrigos, comida…
-¿Comida?! ¡Diós! ¿Dónde estaba la comida?!- En fin, pasaba lo de siempre: Resulta que nadie se había ocupado de ello.
Algunos de nosotros, (los más) no le dimos mayor trascendencia y aceptamos la posibilidad de marchar igualmente sin comida, pero cuando el Sr. Eyo, con aspecto serio (pero aun con gotita de moco tambaleante) propuso que él, conduciendo uno de los coches, pasaría primero por un colmado a comprarla y luego nos alcanzaría o nos encontraría en el propio pie de pared, nadie objetó y se aceptó la idea.
Así pues, se reunió entre todos algo de dinero. El Sr. Eyo se secó el moco tambaleante con la manga de su viejo forro polar azul, y tras juntar las dos palmas de la mano como pidiendo caridad, se lo dejamos allí caer, (me refiero al dinero claro, no a un moco!) y nos dispusimos a partir.
Y así fue, como el primer coche, cargado con los hombres y conducido por Ferran, inició felizmente su marcha partiendo hacia la derecha y hasta esa pared.
Y así fue, como el segundo coche, cargado con las mujeres y conducido por el Sr. Eyo, inició felizmente su marcha partiendo hacia la izquierda y hasta el colmado.
A media mañana, Ferran colgado de una uña y montando y equipando ya la segunda reunión de esa vía advirtió nuevamente que extrañaba que el coche conducido por el Sr. Eyo aún no hubiese llegado. Nadie dijo nada. Aun así, era evidente que la cosa empezaba a inquietar. Empezaba a nevar, el frio era cada vez más penetrante y en ese coche ausente iban los deseados abrigos, los plumas, dos mochilas con material, el agua, te caliente y la supuesta comida que el Sr. Eyo había comprado. ¡Ups! ¡Es verdad!… Y también iban las chicas, claro!
Cuando llegase el Sr. Eyo, lo primero que íbamos a hacer, sería izar el petate con los abrigos y cubrirnos. Eso de estar escalando y clavando hierros en la pared, a -4 grados, era dolorosamente doloroso.
Sobre las cuatro, cuando ya empezaba a oscurecer, los hombres estábamos ya helados. El coche del Sr. Eyo seguía sin llegar. Aun así, decidimos intrépidamente agruparnos en la tercera y última reunión y “in extremis” probar de terminar de equipar ese último largo hasta la cima aun solo con ese único frontal que teníamos.
Al rato, mucho rato, yujuuuuuu!!! Lo terminamos. Finalmente con precaución, sin tacto en los dedos y ya muy poca luz, bajamos hasta pie de vía.
Una vez allí, dándonos golpecitos en las heladas manos, en las espaldas, piernas y dando versátiles brinquitos con los pies para tratar de dar calor, yo recordaba con nostalgia ese “moquito tambaleante” que había lucido esa misma mañana el Sr Eyo. Observaba también, con preocupación, los “mocazos tambaleantes” de mis compañeros que a cada salto salían, como cataratas, de su nariz.
Por fin, allá a lo lejos y entre los árboles, aparecieron los faros del coche del Sr. Eyo. Nada más llegar, empezamos el te frio de las cantimploras y a cubrirnos.
Ya mal repuestos, con educación le interrogamos:
-¡Peazo Kapoll!!! ¿Como que has tardado tanto en venir?…
-Bueno- respondió el Sr. Eyo, - Es que al meternos en el centro.. nos hemos encontrado con lo de la Fira y el mercado de Navidad ese... y… pues… nos hemos separado un ratito con las chicas y… he empezado a ver paradas interesantes… y se me ha ido la olla… Y he empezado por comprar un pañuelo… luego en la parada de al ladito había un forro polar mu mono… y luego en la siguiente vendían una crema de cara y un ungüento natural pa manos… y…luego… y luego con el frío nos hemos agrupado… y en fin… hemos encontramos que hacían creps… y…”
-Pero serás Kapoll!!!- Le interrumpió Met con una nariz verdaderamente roja, (desconozco si la nariz era roja de frío o de sulfuración) -¿Y donde está la comida?
-Bueno- reparó tímidamente el Sr. Eyo…- Verás… Es que cuando ya íbamos a comprar la comida… hemos encontrado un PUF-sillón mu mono… y he pensado que para el local eso… ese PUF era preciso y... en fin… QUE LO HE COMPRADO para el local. Amss… y claro, ejem ejem… con el dinero de la comida!
-AAAAhhh
En ese momento Met miró a las chicas incrédulo para preguntar.
- ¿Un PUFF? ¿Pero vosotras no le habéis dicho nada y habéis hecho nada?
Se hizo el silencio…
Una voz tímida de una de las chicas explicó:
- Nosotros le estábamos esperando en la Crepería y no sabemos nada de nada… Por supuesto que si lo hubiéramos sabido… no habría pasado… Amsss… Eso ya sabéis… Es Eyo. Él es así!!
Todos en ese momento miramos al Sr. Eyo… El Sr. Eyo ajeno y distraído… aprovechó ese silencio para secarse con la manga otro “moquito tambaleante” de la punta de su nariz… ahora con la manga de su nuevo forro polar verde… Levantó la cabeza exótico, nos miró a todos… y con sonrisa de pan tierno enorme…. sonrió.
En fin…
Claudicando y sin remedio, finalmente reagrupamos nuevamente el material en los coches y con hambre, mucha hambre y frío, nos fuimos ya de vuelta
Y así fue, como el primer coche, cargado con los hombres y conducido por Ferran inició felizmente su regreso. Ferran arrancó el motor, miró por el retrovisor esa silueta de la pared dónde se encontraba esa preciosa vía recién creada… y con una sonrisa feliz de satisfacción… aceleró…
Y así fue, como el segundo coche, cargado con las mujeres y conducido por el Sr. Eyo inició felizmente su regreso. El Sr. Eyo arrancó el motor, miró por el retrovisor esos tres precisos cuellos de chica, adornados con tres preciosos colgantes artesanales… y con una sospechosa risita…de satisfacción y quizá también… (solo quizá) también de soborno y pago a silencio… Juaaaaa!! aceleró!
Enviado por Oscar el jueves 14 de enero de 2010
Enviado por Pekas el jueves 14 de enero de 2010
Enviado por Ferran Guerrero el jueves 14 de enero de 2010
Enviado por Pan Bimbo el jueves 14 de enero de 2010
Enviado por Toti el viernes 15 de enero de 2010
Enviado por La Xocolatina el viernes 15 de enero de 2010
Enviado por Kt el miércoles 20 de enero de 2010
Enviado por Pinky -pinky el martes 16 de marzo de 2010
Enviado por Jeanine el jueves 18 de marzo de 2010
Enviado por Jeanine el jueves 18 de marzo de 2010
Enviado por Alex el jueves 25 de marzo de 2010
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